Autora: Consuelo Aramburu
Narrar el sufrimiento
La pamplonesa Consuelo Aramburu publica su primer libro 'Retazos de dolor', donde relata su dura infancia y el maltrato de su padre La vida de Consuelo Aramburu, pamplonesa de 33 años, ha estado llena, como ella misma reconoce, de sombras y luces. En ese orden. Nacida en 1974, siendo muy pequeña su abuelo materno la ingresó en un orfanato, de donde la sacó su padre con apenas cuatro años para llevársela a Madrid. Pero las cosas no mejoraron. «Me llevó a una especie de pensión donde me dejaba encerrada días enteros en una habitación oscura, apenas amueblada, sin comida y casi sin agua», rememora.
Recuerdos duros y difíciles que ahora ha decidido sacar a la luz en su primer libro, 'Retazos de dolor' publicado por Nuevos Escritores y que ayer presentó en el Palacio Villasuso. Páginas costosas con las que pretende dar a conocer de cerca el sufrimiento, pero también la esperanza. «Muchas personas lo padecen, pero si nos lo guardamos, nunca se sabe. Para que sepan cómo afrontarlo, que hay un futuro mejor y puedes salvarte», anima. También hace un llamamiento a las instituciones «para que estén más pendientes de detalles que pueden anunciar casos similares e intervengan a tiempo».
Sabe bien de qué habla. Sus padres estaban separados «y no se podían ni ver; si no terminaban fatal». Esa distancia provocó que su relación con su madre, salvo encuentros esporádicos en la infancia, fuera inexistente hasta que ya de adulta la buscó y convivió con ella sus últimos años de vida, marcados por los cuidados a un abuelo al que sólo le preocupaban «la lotería y el sexo».
Antes, su estancia en un colegio madrileño estuvo empañada por lo que hoy se conoce como 'bullying'. Pese a lo cual reconoce que esta etapa la «salvó, gracias más que nada a la enseñanza». Anulada por su padre, quien «me impidió que siguiera estudiando en cuanto fui adulta», el mismo que «me ingresó varias veces en el hospital psiquiátrico», reconoce que llega un momento en que «la mente se retuerce, yo no estaba enferma, me pusieron». Fruto de ese estado temporal se vio separada un tiempo de su hija mayor, Macarena, de 9 años.
Sin rencor
Con ella, con su marido y con su otra hija, Éboli, de 6 años, ha recuperado la felicidad y la sonrisa en Vitoria, donde vive desde que conoció a su actual esposo. Pero también le ha obligado a replantearse su propia experiencia. «De pequeña no sabía qué pasaba ni por qué, es difícil hallar respuesta en esas condiciones y, como niña, no le quería hacer mal.
Desde dentro la relación se ve de otra forma», desvela.
Ahora, reconoce «el trato vejatorio al que me sometió mi padre, no sé cómo se puede hacer eso a tu propia hija, como niña tienen la obligación de velar por ti». Pese a todo, asegura que no le guarda rencor «si no, no hubiera sido capaz de hacer esto», aunque admite que nunca más ha contactado con él. Un cuento de sufrimiento con final feliz que Consuelo seguirá desgranando a lo largo de sus próximos cuatro libros.
http://www.elcorreodigital.com/alav...o-20070629.html
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