Los niños, víctimas indefensas
Por: Salvador Enguix
The New York Times Syndicate
Son las víctimas más indefensas, las que no tienen ninguna capacidad de respuesta ante los malos tratos, excepto el lloro o el lamento. Porque la violencia contra los niños se produce en la gran mayoría de los casos en el entorno familiar, porque los agresores son en gran parte los familiares - principalmente los padres biológicos o adoptivos-, porque son estos mismos familiares los que ocultan el daño ocasionado a los menores cargando de opacidad sus terribles actos al considerarse un asunto privado, y porque la respuesta de la sociedad sólo es posible si el sistema sanitario, educativo o policial detecta a tiempo los malos tratos.
Aunque, como reconocen los expertos, ante los casos más graves casi siempre se llega tarde, como ocurre en Valladolid y en Reus, donde se investigan las muertes de dos bebés en el entorno familiar.
El alcance del fenómeno es mayor de lo que se cree. En el congreso organizado en Valencia el pasado mes de marzo por el Centro Reina Sofía para el estudio de la Violencia (Crsev), donde se abordaron los malos tratos a menores - desde el asesinato hasta los abusos sexuales-, se confirmó el incremento espectacular de los casos: desde el 2001 al 2006 se ha triplicado el número de niños maltratados -de 2,600 a 6,400-, según datos del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
El Crsev también divulgó en marzo que los casos de menores asesinados en el ámbito familiar habían aumentado entre el año 2000 y 2004 el 77% en España, de 9 a 16. Otro dato: el maltrato físico es mayor en los menores de dos años. Dean Hirsch, director de Global Movement for Children, reconocía en su último informe que “la gran paradoja de la violencia contra niños es que estos se encuentran en mayor riesgo allí donde deberían estar más seguros”.
“La mayoría de los actos violentos son llevados a cabo por personas en las que los niños confían: padres, cuidadores y profesores”, añade.
Y ofrece un dato inquietante: “En Estados Unidos los niños menores de un año tienen cuatro veces más probabilidades de ser víctimas de homicidio que los de cualquier otro grupo de edad; casi todos son asesinados por sus padres”.
Vicente Garrido, psicólogo criminalista y uno de los mayores especialistas en psicopatologías de España, señala que los agresores de los niños suelen ser personas “que son conscientes de sus actos; que usan la violencia como respuesta a su rabia o venganza ante frustraciones o agravios pendientes, y en ocasiones, por puro placer; en algunos casos pueden ser psicópatas, aunque no en la mayoría”.
Garrido apunta también que la violencia severa contra niños “puede relacionarse con cuadros patológicos que integran el abuso del alcohol y las drogas, personalidad sádica, trastorno antisocial de la personalidad y graves problemas de integración social”.
Este psicólogo reflexiona respecto al caso de Valladolid, en el que está imputada una canguro, que "algunas cuidadoras descubren que son capaces de disfrutar haciendo daño a los niños; son canguros sádicas que se infiltran en esa profesión porque la encuentran cómoda para sus actos".
Sobre el caso de Reus valora, con los datos disponibles, que "en general, los que ejercen de padres de niños que no son suyos (biológicos) si tienen pobres inhibidores contra la violencia pueden vengarse de la madre haciendo daño al menor".
Contra lo que se cree en muchas ocasiones, los malos tratos no están relacionados con una determinada clase social, aunque según apunta Hisch “la pobreza puede exacerbar el problema”.
José Sanmartín, director del Crsev, advierte que el aumento de casos obliga a la sociedad a “contribuir y a incrementar la conciencia sobre la problemática de la violencia a menores”.
Desde el Crsev se ha insistido en la necesidad de que la sociedad se tome “muy en serio” y “active medidas” contra la violencia a los menores y a los ancianos como ya se han implantado contra la violencia de género.
http://www.prensa.com/actualidad/psicologia/2007/10/01/
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