El nuevo Tío Gilito de la empresa
Pilar Trucios
Subdirectora de Expansión.
¿Aún piensa que Tío Gilito sigue siendo el director financiero, aquel que aborta todos los planes cuando nos alejamos del presupuesto? ¿O se decanta por ponerle este adjetivo al consejero delegado, que mira siempre por la máxima rentabilidad? Quizá no vaya descaminado, pero en los últimos tiempos se ha sumado a la guarda del botín de la organización el director de recursos humanos.
Como jefe, ¿no ha tenido nunca la sensación de que al dialogar con el departamento de recursos humanos la subida o fichaje de algún candidato, tenía que luchar denostadamente contra el guardián del tesoro? Y digo contra, porque algunos ejecutivos de este área olvidan que los jefes reman en su mismo barco.
Me comentaba un director corporativo, responsable del área de personas, lo difícil que es encontrar profesionales equilibrados para este departamento. No se refería a cuerdos o en su sano juicio -evidentemente-, sino a colaboradores que supieran guardar ese justo medio entre la alta dirección y el resto de empleados.
Los que se pasaban por el lado superior, pelotas donde los haya de su presidente o consejero delegado, acababan convirtiéndose en marionetas, tíos gilitos con la llave del botín, ávidos guardianes de algo que, por otro lado, no les corresponde.
Los que intentaban ser el abogado de los pobres empleados, terminaban siendo terribles sindicalistas, luchando contra la madre empresa, convencidos de que las desigualdades no deben ser tales y de que hay que hacer mejor reparto de tanto beneficio.
Unos y otros, a la larga, acaban por incumplir su verdadero papel, el de gestores de personas como medio para cumplir los objetivos de la organización.
Me pregunto por qué este enfrentamiento -más frecuente de lo que nos gustaría- entre Tío Gilito y los jefes de otras áreas. ¿Serán estos últimos los culpables al creer que los colaboradores deberían recibir más de lo que la empresa está dispuesta a darles? ¿Será su aprensión a los conflictos lo que hace que repartan mucho y a todos por igual en lugar de distribuir por méritos? ¿O serán los directivos de recursos humanos los que tratan de reducir costes, incrementar su bonus y recibir galones demostrando a la alta dirección que son capaces de fichar talento por poco y retener por menos?
Difícil equilibrio el del directivo de recursos humanos entre el primer ejecutivo y el resto de los profesionales. En el fondo, ésta es la clave para resistir con fortaleza en una función que es puro servicio, tiene poco brillo y mucho aguante pero genera por otro lado, la satisfacción de trabajar con recursos vivos, los más preciados de la organización, las personas.
La armonía, para que todos remen en la misma dirección, vendría dada si el primer ejecutivo de la organización fichara a un buen director de recursos humanos -que los hay-, y no a un títere que tuviera entretenidos a sindicatos y jefes.
También, si los jefes asumieran por fin el papel que les corresponde, el de líderes que miran la estrategia sin descuidar el medio para conseguirla, la justicia de dar a cada uno lo que merece sin olvidar los resultados económicos.
Los directivos de recursos humanos, por su parte, deberían equilibrar la balanza, diciendo en ocasiones "no" al presidente y escuchando más a los jefes; intentando admitir lo razonable, aunque esto implique perder parte del botín.
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